jueves, 13 de agosto de 2009

TIERRA

Huele a tierra mojada. Mis pies redondos, aún de niña, andan descalzos por la hierba humedecida por el frío de la noche. Hay una flor, me agacho, la huelo, asiento, vida, sosiego.

El árbol sigue ahí. La flor no, ahora hay otras, de colores, distintas, iguales, que se mueven con la brisa, huelo, asiento.

Me quito los zapatos, también se los quito a ella. Mis pies, curtidos, pisan los recuerdos entre la hierba. Los suyos, aprenden a sentir la tierra mojada. Las flores son otras, pero también se tambalean de un lado a otro dejando volar su aroma.

Mis pies, los suyos, los de ella. Arrugados, maduros, suaves. Las hojas del árbol cantan, y los redobles de las sonrisas rellenan mis recuerdos olvidados.

Pies muertos, pies curtidos, pies adultos. Huele a tierra mojada, el árbol sigue ahí, las flores son otras. Debe ser primavera, yo no puedo verlo.