miércoles, 18 de junio de 2008

CRUZADOS

- Hola- Lo dijo sin gana, con pereza, como el que soporta el peso del mundo. Dejó caer las llaves sobre el cristal de la mesa de la entrada haciendo sonar, como cada día, su llegada. – Hooola- Volvió a decir alargando un poco la “o” y alzando la voz. Se acercó a la percha, colgó la chaqueta como lo hubiera hecho en un día normal y se cambió los zapatos, pensando que a lo mejor no volvería a ponérselos en mucho tiempo. Sonrió de medio lado con pena, un pie, el otro, cerrar la puerta del armario. – ¿Hola?- Insistió- ¿Pili?, ¿estás? Pili, ya he llegado…- Pili no respondió. Se escuchó un portazo y de repente la mujer apareció como de la nada.
- José Miguel. Hola. Qué pronto has llegado hoy…
- Sí… demasiado pronto… Es que… bueno… Pensé que sería bueno verte…
- Claro… sí, está muy bien. ¿Y ahora te vas otra vez o ya te quedas aquí?
- No, no… me quedo… - Dijo metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón - ¿por qué?
- No, no… por curiosidad… es que pensaba que vendrías más tarde, iba a ir a comprar y no… no tengo nada para comer todavía… Bueno, cuéntame, ¿cómo es que estás aquí tan temprano...?
- ¿Qué hacías? ¿Ibas a ducharte…?
- No, no…
- Como estás en albornoz…
- Sí, es que… no sabía qué ponerme y… para no estar desnuda pues me he puesto esto…- Un poco más a la defensiva que de costumbre volvió a preguntar por qué José Miguel había llegado tan temprano. No encontró la respuesta esperada. Se sacó parte del pelo que había quedado por debajo de la tela de la bata. Empezaba a ponerse nerviosa y la melena, contra la piel, le pinchaba sobre la espalda. Se mordió el labio inferior antes de empezar a hablar y José Miguel le quitó la palabra.
- Nunca has tenido inconveniente en que te viera desnuda- Respondió al porqué de su tardanza. Él se quedó pensativo, mirando cómo el pelo de Pili caía por sus hombros. La quería, la quería mucho y no podía seguir disimulando por más tiempo. –Bueno, ¿qué me ibas a decir?, creo que te he cortado…
- No, no… nada… que… que si te acercabas a la tienda a comprar unas cosas mientras yo me ducho.
- No ibas a ducharte.
- Pero ahora que has venido y puedes bajar tú he pensado que sí.
- Pili, ¿te pasa algo?
- ¿Vas a ir a comprar o no?
- Qué interés tienes en que vaya a comprar, ¿no?
- Si no quieres no vayas. Si hubieras llegado a tu hora todo estaría pasando de otra manera y a mí me hubiera dado tiempo a bajar.
- ¿Qué pasa? ¿Que no puedo llegar antes?
- Yo no he dicho eso… Sólo que me extraña que llegues tres días seguido a las doce y media cuando tu horario es hasta las tres menos cuarto.
- Y a mí me extraña que lleves puesto un albornoz… y el pelo suelto. Y que no hayas salido a darme un beso cuando he dicho hola como cada día…
- Eso, como cada día…
- ¿Eso a qué viene?
- ¿El qué?
- Lo de como cada día…
- Lo has dicho tú.
- Ya sé que lo he dicho yo… - Harto de esa conversación que no llevaba a ninguna parte se pasó la manos por la cabeza y dejó la derecha en la parte de atrás del cuello. Ella estaba sexy, como siempre, incluso tapándose los muslos con el albornoz como nunca; custodiando la puerta del dormitorio, no se había movido de allí desde que comenzaron la charla– Tenemos que hablar… supongo…- Dijo cerrando la frase con un suspiro que se caía- Yo no puedo más.
- ¿Hablar de qué?
- De lo que está pasando… No puedo disimular más. Me daba vergüenza decirlo, pero supongo que, como todo, no es más decirlo y superarlo. Estás en un sitio, tienes una vida, y después de tanto tiempo todo cambia…
- No debe darte vergüenza…- Respondió mirando hacia otro lado, porque la que sentía vergüenza, era ella, de esa que te quema la garganta, las orejas y la cara.
- No sé qué decirte. Lo sé desde hace tres días y he salido de casa como cada día, como bien hemos dicho antes, como si nada… He llegado hasta la puerta de la oficina y me he dado la vuelta…
- ¿Lo sabías y no me has dicho nada?- Pili sintió como si de verdad las palabras le salieran de la garganta, en un tamaño tan grande que le rajaba en dos.
- Qué quieres que te diga… - Respondió con dolor.
- Pues… no lo sé… quizás deberíamos haberlo hablado desde el principio…- Se desató el cordón del albornoz para volverlo a atar más fuerte.
- Supongo que me lo merezco, esto es por no hacer las cosas bien…
- No, no, no… no es culpa de nadie.., las cosas pasan y ya está… Se deterioran, se rompen, se acaban… Esto es un contrato más que se puede terminar, no hay que buscar culpables. Entonces, ¿lo comprendes...? ¿No te ha extrañado?
- La verdad es que no me lo esperaba, supongo que a este tipo de cosas uno nunca se acostumbra… Me daba miedo hablarlo contigo, supongo que es normal… Quizás sea cierto ese reproche que me has hecho de “como todos los días”… Y supongo que llevábamos mucho sin hablar de nosotros y eso… me daba vergüenza, ya te lo he dicho… llámame tonto si quieres…-
- No, no puedo llamarte tonto… yo también debería haber intentado hablar contigo en lugar de hacer como si no pasara nada…
- ¿Me abrazas, por favor?- Dijo derrumbado.
- Claro, aún no he dejado de ser tu mujer…
- Y espero que no dejes de serlo porque me haya quedado sin trabajo- Respondió abriendo la puerta de la habitación y viendo a un extraño en su cama.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es muy bueno. Muy, muy bueno.